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¿Cada país debería tener un ministro de diseño?
El diseño se está expandiendo más allá de los productos y servicios para influir en las políticas nacionales y los futuros colectivos. El Plan Maestro de Diseño 2035 de Singapur, moldeado a través de la aportación de diseñadores, ejemplifica esta tendencia. Los gobiernos reconocen el potencial del diseño para impulsar la innovación, el crecimiento económico y mejorar la calidad de vida. Naciones como el Reino Unido, Japón, Corea del Sur, Dinamarca y Estados Unidos están promoviendo activamente el diseño a nivel nacional. Estados Unidos nombró a su primer director de diseño para mejorar los servicios gubernamentales y las experiencias del usuario. Las políticas públicas, como las carreteras que utilizamos y el agua que bebemos, son intervenciones humanas diseñadas para resolver problemas sociales. Cada vez más, los diseñadores participan en la creación de complejos sistemas de servicios y colaboradores, yendo más allá del diseño a nivel de producto. Los diseñadores de sistemas humanos se centran en métricas aspiracionales como la felicidad y el bienestar, facilitando las voces de la comunidad e implementando cambios incrementales. La idea de un ministro de diseño está ganando terreno, con roles como el de ministro de la felicidad ya existentes. Un ministro de diseño defendería el diseño a nivel nacional y mundial, abogando por enfoques centrados en el ser humano y sostenibles. En última instancia, los diseñadores, empoderados por las políticas, pueden convertirse en una fuerza significativa para el cambio positivo para las personas y el planeta.