Intervenciones en el Estilo de Vida para Mejorar la Cognición en la Vejez
La prevención del deterioro cognitivo y la aparición de la demencia en la edad adulta es uno de los desafíos médicos más apremiantes que enfrenta la sociedad. Las causas de la demencia se pueden clasificar a grandes rasgos en trastornos neurodegenerativos, asociados con la acumulación de proteínas mal plegadas dentro del cerebro; enfermedades cerebrovasculares de diversas etiologías; y, comúnmente, combinaciones de ambas. Además de los grandes esfuerzos para desarrollar y probar enfoques farmacológicos para retrasar la aparición de enfermedades neurodegenerativas específicas, y la enfermedad de Alzheimer en particular (por ejemplo, NCT05026866 y Rafii et al.), se puede hacer mucho para reducir el riesgo de demencia por otros medios: la evidencia sugiere que hasta el 45% de todas las demencias por cualquier causa pueden ser prevenibles en todo el mundo mediante la modificación de 14 factores de riesgo (educación, traumatismo craneoencefálico, pérdida de audición, depresión, hipertensión, diabetes, obesidad, inactividad física, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, colesterol alto de lipoproteínas de baja densidad, aislamiento social, exposición a la contaminación del aire y pérdida de visión) que ejercen influencia en diversas etapas a lo largo de la vida. Existe evidencia de que las medidas de salud pública ya pueden estar teniendo un impacto: en los últimos años se han observado descensos en la incidencia de demencia específicos por edad en los EE. UU. y en otros países de altos ingresos, y pueden estar relacionados en parte con la mejora de la educación y el control del riesgo cardiovascular en estas poblaciones en las décadas precedentes.